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Raíces que conectan: un nuevo capítulo en el corredor del Antisana junto a Ciemtelcom

  • 17 ene
  • 2 min de lectura

Actualizado: 2 jul

Sábado, 17 de enero del 2026


35 voluntarios, 200 árboles y la apuesta por devolverle el bosque a Tambo Cóndor.

El camino hacia el Antisana siempre impone respeto, pero llegar a Tambo Cóndor tiene una mística distinta. 

Es un paisaje donde el viento moldea el pajonal y donde, desde hace siete años, nuestra fundación trabaja pacientemente para tejer un corredor ecológico entre el cerro Yeguapamba y la laguna de Secas. 


Este fin de semana, el silencio habitual del páramo se rompió con risas y pasos decididos.


No eran solo manos adultas. Entre el grupo de 35 personas destacaba la energía de niños y adolescentes, hijos y familiares de los colaboradores de CIEMTELCOM


Ver a una empresa líder en telecomunicaciones y soluciones de conectividad cambiar cables y sistemas por palas y tierra fértil es un recordatorio poderoso de que el compromiso ambiental trasciende cualquier industria. 


Su entusiasmo fue el motor de la jornada


Manos a la obra: sembrando futuro

La meta era clara: 200 árboles y arbustos nativos para sumar a los casi 7.000 que ya hemos plantado en esta zona. 


La dinámica de la siembra fue un ejercicio de paciencia y fuerza. Hubo manos manchadas de tierra negra, rostros golpeados por el frío andino y esa satisfacción silenciosa que surge al acomodar un árbol en su nuevo hogar.

Se escuchaban conversaciones espontáneas sobre el futuro, sobre cómo ese pequeño árbol, quizás imperceptible hoy, será refugio de aves mañana. 


Fue un trabajo duro, pero lleno de esa alegría colectiva que solo da el construir bosque. 


Cada hoyo cavado fue una pequeña victoria contra la erosión y un paso más hacia la restauración del ecosistema.


Gratitud y compromiso compartido


Nada de esto sería posible sin la visión de Vero y Wladimir. Ellos no solo nos abrieron las puertas de Tambo Cóndor, sino que apostaron su vida a la conservación y al ecoturismo cuando pocos lo hacían. 


Gracias a ellos, el corredor ecológico deja de ser un plano en un mapa para convertirse en una realidad que respira.


Y, por supuesto, un agradecimiento inmenso a cada voluntario que decidió regalar su sábado a la montaña. 


Gracias por su tiempo, por su energía y por entender que cada acción cuenta. 


Sembrar es el primer paso para cosechar un futuro donde la naturaleza y el ser humano convivan en equilibrio; hoy, ustedes plantaron esa esperanza.


JUNTOS SOMOS PARTE DE LA SOLUCIÓN


 
 
 

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