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La Universidad Salesiana en el Cotopaxi: la meta de los diez mil

  • 18 abr
  • 2 min de lectura




Sábado 18 de abril del 2026


Un café de madrugada y la ruta hacia arriba

Era de esas mañanas que te llenan el corazón. En la gasolinera Terpel de Tambillo, compartiendo un café en un clima amable para espantar el sueño, nos encontramos con los 23 chicos de la Universidad Salesiana y sus profes.


Con pura ilusión, Ale y Benja tomaron la delantera para guiar el bus hacia Los Mortiñ

os, rogando en silencio que los vientos de los Andes nos dieran tregua en la montaña.


La tierra dura no sabe de géneros

Al llegar, nos dividimos en dos frentes: uno para hacer los huecos que faltaban y otro dedicado a sembrar.


Fue hermoso ver a una chica unirse inmediatamente hacer huecos; cogió una de las barras demostrando con valentía que el trabajo duro no tiene género.


A su lado, el grupo de siembra se manchaba las manos plantando 400 polylepis, mortiños y piquiles que, gracias a la enorme colaboración de BUPA, hoy por fin tienen un hogar.


Terquedad que trae a la vida de vuelta

Llevamos tres años aquí y ya sumamos 10,000 árboles. La conservación no es plantar y huir, es volver con perseverancia para reemplazar lo que no resistió.


Hoy entendimos perfectamente por qué siempre regresamos: durante la jornada nos saludaron tres ranitas Marsupial Andina. Su presencia es el mayor indicativo de que la biodiversidad está regresando; ellos nos necesitan.


Al terminar, devoramos el refrigerio de Ope Wine y Lucita, luego los voluntarios pasearon maravillados por Limpiapungo y así finalizo un día extraordinario.


Gracias inmensas a los chicos de la Universidad Salesiana y a las docentes organizadoras por sudar la camiseta.


Hoy la montaña nos deja una lección clarísima: la naturaleza necesita nuestra constancia, no solo nuestras fotos.



 
 
 

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