Del barro al propósito: el recorrido de Jack Tucker en los bosques del Ecuador
- 18 mar
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Miércoles, 18 de marzo del 2026
Si la llegada de Jack Tucker a Quito fue un despertar sensorial entre café y empanadas de morocho, su internamiento en las reservas fue el bautismo de fuego que todo conservacionista anhela.
Tras sus primeros pasos en Cosanga, el joven economista inglés cambió definitivamente los gráficos financieros por el pulso vibrante de nuestra biodiversidad, completando una travesía que transformó su visión del mundo y la nuestra.
Puma-Mashpi: donde la teoría se volvió selva
En la Reserva Puma-Mashpi, Jack dejó de observar para empezar a pertenecer. Junto al equipo de campo, habilitó senderos bajo la humedad espesa del Chocó Andino, aprendiendo a leer el bosque más allá de los libros.
Cada jornada traía un descubrimiento: huellas frescas, orquídeas ocultas y el sonido de especies que solo habitan este rincón del planeta. Pero la conexión más fuerte fue la humana. En las tardes, el balón rodaba y Jack sorprendió a todos con un nivel de juego que nadie esperaba.
Entre risas y partidos improvisados con la comunidad, se tejió una confianza que dio paso a sus primeras propuestas estratégicas para el sector de La Delicia, demostrando que la conservación también se construye con convivencia.
De la bota de caucho al escritorio estratégico
Tras un productivo regreso a la Reserva Chontas para dar continuidad al mantenimiento de senderos con Toni, la misión de Jack se trasladó a la oficina en Quito. Junto a Benja, Ale y Guido, su agudeza de economista brilló: desarrolló propuestas de fundraising y estructuras de voluntariado que dejan una hoja de ruta clara para la fundación.
Su aporte no fue solo técnico; fue una inyección de energía y perspectiva internacional. Entre reuniones, Jack también se dio tiempo para ser turista, coronando a Baños de Agua Santa como su rincón favorito del país por su mezcla de adrenalina y paisajes imponentes.
Un cierre entre islas y gratitud
Hoy, mientras Jack recorre las Islas Galápagos como cierre simbólico de su estancia, nosotros nos quedamos con su legado de trabajo honesto.
Agradecemos profundamente a Jack y a su familia por la confianza. Se va un voluntario, pero regresa a Inglaterra un embajador de nuestra misión. Gracias, Jack, por recordarnos que los bosques no tienen fronteras cuando hay voluntad de protegerlos.






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